Del conflicto a la esperanza: la tierra que vuelve a dar vida
En una región del Meta marcada por años de violencia, hoy la tierra se convierte en símbolo de cambio. Familias campesinas están reconstruyendo sus vidas a través del trabajo agrícola y la organización comunitaria.
Por: Sofía Roncancio Pabón
En zonas rurales de Meta, especialmente en municipios como Puerto Lleras y Fuentedeoro, el panorama ha dado un giro notable. Lugares que a inicios de los años 2000 fueron escenario de enfrentamientos armados y desplazamientos forzados, hoy empiezan a consolidarse como territorios de producción y tranquilidad.
Uno de los ejemplos más representativos es la Hacienda San Cipriano, un terreno de más de 700 hectáreas entregado a decenas de familias campesinas. Muchas de ellas vivieron el conflicto en carne propia y, durante años, dependieron de trabajos informales o tuvieron que abandonar sus hogares. Ahora, cuentan con parcelas propias donde desarrollan proyectos agrícolas sostenibles.

La iniciativa, conocida como “Sembrando Vida”, no se limita a la entrega de tierras. También incluye apoyo técnico, herramientas e insumos que han permitido fortalecer cultivos como plátano, yuca, piña y aguacate. Esto no solo mejora la economía de las familias, sino que también aporta a la seguridad alimentaria de la región.
El impacto va más allá de lo productivo. La creación de asociaciones campesinas ha fortalecido los lazos comunitarios y ha impulsado procesos organizativos clave. La colaboración entre vecinos y el sentido de pertenencia han sido fundamentales para mantener el proyecto y pensar en su crecimiento a largo plazo.
Detrás de estas iniciativas hay historias de resiliencia. Mujeres, jóvenes y comunidades que antes enfrentaban incertidumbre, hoy encuentran estabilidad en el campo. En el Meta, sembrar ya no es solo una actividad económica: es una forma de reconstruir el tejido social y avanzar hacia un futuro más pacífico.
